Este fin de semana se celebra el «VII Salón del Manga de Andalucía», y el stand de la Facultad de Bellas Artes de Granada, organiza su segunda edición de «Mitografías», en la que los estudiantes ofrencen su visión particular de grandes personajes del manga y anime. Este año los elegidos son Mazinger Z y Bola de Dragón. Yo tenía unas cuantas ideas pendientes desde hace tiempo para hacer un crossover entre uno de mis personajes Raulito junto a Guisuren de Salva López, así que aprovechando la ocasión he acabado haciendo una mezcla entre todas estas ideas, y este es el resultado para la expo.
Visitas de México D.F.
Servidor publica sus dibujos desde España, y revisando las visitas del blog veo que recibo casi el mismo número de visitantes de México que de mi país, le siguen Colombia, Argentina y un largo etc. Así que en honor a los visitantes de México se me ha ocurrido agradecéroslo vistiéndome para la ocasión.
¡Órale!
Diseño para tienda
Esto ha sido un diseño para la imagen de una tienda de ropa infantil. La clienta quería un armario simpático con ropa y juguetes, así que dibujé varios diseños de su propia colección de ropa, para seguir el estilo de la tienda. Al principio trabajé con los celestes, pero nos decantamos por el tono marrón de la madera. Por estas razones trabajo siempre con colores digitales, aunque sea imitando la acuarela.
Dibujantes dibujando
Este sábado el ilustrador y diseñador Puño inauguraba en Granada una exposición que muestra su proceso de trabajo, con decenas de apuntes, a cual más curioso. Estuvimos pasando un buen rato con él y otros muchos dibujantes granadinos; además Puño nos animó a dibujar a todos a gran formato como podéis ver abajo.
Con ella [microrrelatos ilustrados #1]
Su presencia imponía. Llevaba un tiempo aparcada en este lugar. Los hombres a los que se había acercado conocían muy pocos detalles de su vida. Los demás, sólo sabían de su existencia. A ellos nunca les importó lo que hubiera dentro de su cabeza, simplemente la deseaban. Sin embargo, por muy idiotas que fueran, sabían apreciar la fuerza que trasmitía compartir un instante junto a ella.
Siempre andaba de un sitio para otro, ajustándose como un guante de cuero a cada nuevo lugar. En poco tiempo, daba la impresión de haber nacido allí mismo. Después, quebraba la pequeña armonía, imponiendo sus normas, hasta gastar el lugar. Llegado ese punto, cuando el aburrimiento la acechaba, se alejaba sin decir adiós y nunca más regresaba, dejándolos marcados.
Jugaba con unos y otros, usándolos a su antojo, mientras aprendía cada vez más sobre la vida. Con ella nunca sabías lo que sucedería al día siguiente. Una cosa era segura, no parecía tener un plan. El momento era ahora; no había una línea que seguir, un objetivo, o algo parecido. Aún así, siempre tuvo el control de la situación. Si algún día descubriera que en realidad había un plan, no tendría valor para hablar más de ella.
A estas alturas he de confesar que si conozco detalles de su vida se debe a cierta ocasión que vivimos juntos. Después de una noche salvaje, la sorprendí con una conversación. Ella no esperaba este tipo de situaciones, pero yo ansiaba saber lo que había en su cabeza; admito que fue una de las razones por las que me acerqué. Permitidme añadir que nos portamos bien el uno con el otro, aunque ya no podamos saludarnos.
Su madre no invirtió en educarla. La infancia transcurrió delante del pequeño televisor de 14 pulgadas. Ambas compartían un breve tiempo cada tarde, cuando su madre regresaba exhausta de cocinar para camioneros, y se evadía descansando sus huesos en el sofá con culebrones baratos. Fue así como a sus ocho años, la pequeña contempló aquella peculiar escena. «Yo no quiero un santo, quiero un hombre», escuchó de los labios de una bella actriz venezolana, que justificaba su amor por un latino bastante mujeriego. Ese instante marcaría el resto de su vida.
A él lo encontró una fría noche de marzo, haciendo que todo se detuviera. En realidad, aquel hombre nunca había destacado en nada, siempre tuvo rango de aprendiz. Un par de diablos se ganaron su confianza, compartiendo tardes de alcohol y vinilos en la barra de un bar. Descubrieron que era un tipo listo, pero carecía de aspiraciones en su vida. Una buena mañana lo echaron en falta en la fábrica; había encontrado un nuevo oficio. Ahora trabajaba de noche, a veces llegaba manchado de sangre, decía que era del matadero y nadie más hacía preguntas. Con el tiempo empezó a medir sus palabras, hasta hacer que la gente olvidara su tono de voz. Esto lo hizo aún más irresistible para ella.
Nunca hablaban del tiempo que estaban fuera, alejados el uno del otro, no hacían planes, siempre improvisaban y el futuro no existía para ellos, por eso su primer año llegó sin darse cuenta, y parecían conocerse al detalle. Ella supo que fue engañada un par de veces, una antigua relación que a él le costaba acabar. Pero no se enfadó, pues nunca buscó a un santo. Sin embargo, al caer la noche, se convertía en el brazo ejecutor de elaboradas venganzas. Quizás su camino había terminado, quizás todo había cambiado. Con ella, era mejor disfrutar ahora, no tratar de comprender nada y nunca pensar en el mañana.
Creo que lo importante de todos estos detalles es que ambos formaban una buena pareja.
Manchas con vida







Por exigencias del guion hubo que hacer un trabajo partiendo de manchas, buscando formas ocultas en plan psicólogo. Usé dos escalas de tonos, una con tinta negra Pelikan y otra con café, también hay algún toque de gouache blanco para sacar luces y a entintar.
Estos ejercicios están muy bien para salir del registro habitual y probar técnicas nuevas. Pero no se va el olor a café del estudio…
Por exigencias del guión hubo que hacer un trabajo partiendo de manchas, buscando formas ocultas en plan psicólogo. Usé dos escalas de tonos, una con tinta negra Pelikan y otra con café, también hay algún toque de gouache blanco para sacar luces y a entintar.
Estos ejercicios están muy bien para salir del registro habitual y probar técnicas nuevas. Pero no se va el olor a café del estudio…
Pulpo a la plombagina
Terminando algunos trabajos pendientes, debía hacer algo con plombagina, material que no conocía hasta hace cuatro días. Se parece al grafito, pero se suele trabajar con cola y agua, para crear tonos. Es bastante complejo de usar porque no se diluye, la parte positiva es que deja mucha textura.
Entonces me siento a pensar que cosas pueden tener textura…


En cuanto al material, se podría decir que es como trabajar con arena negra, que se disuelve un poco. A mí me daba esa sensación, aquí podéis ver una ampliación del grano:

Para los detalles finales me he visto obligado a volver al lápiz, que fue con lo que hice el primer encaje de estos bichos.
Portadas sesenteras
Esto vienen a ser unas pruebas a modo de diseño de portada, que suelen pedir los editores de cómics, cuando vas a enseñarle algún trabajo. Como siempre recurro a los 50′, me fui a otra otra época para hacer algo más alegre, con colores más vivos. Entre otras ideas, me inventé una revista de moda para cerrar mejor el diseño de las portadas y, este es el resultado final.


Aquí he empezado a investigar con las sombras en degradados, buscando siempre la mejor fórmula para dar color.
Las Cerezas de Lawrence Durrel
¡Hola a todos! Hoy os dejo con unas ilustraciones para un relato del gran Lawrence Durrell «Las Cerezas», un trabajo para una asignatura de ilustración, que también presenté en el Salón del Cómic de Granada. Para variar hice el trabajo con técnicas tradicionales, me apetecía mucho salirme de lo digital y estoy muy contento con el resultado, es la primera vez que uso alguno de los materiales que detallo, así que esto puede dar para más.
LAS CEREZAS
AUTOR: LAWRENCE DURRELL
TRADUCCIÓN: JAVIER MARÍAS
ILUSTRACIONES: JUANJO MEGÍAS
Yo vivía en la habitación más pequeña, arriba del todo, justo al final de la escalera. En la puerta había una manzana blanca que yo tenía que coger y hacer girar con la mano antes de poder meterme dentro. En las paredes había racimos de cerezas: del techo al suelo. En verano me daban sed. Una vez intenté coger algunas del dibujo para comérmelas, pero aquello no salió muy bien. El yeso y la cal tenían un sabor muy ácido.
Después, claro, me reí al pensar en mi tontería; pero me escocía mucho la lengua. Aquello duró mucho tiempo: pero, claro, estuve allí mucho tiempo.

Me acuerdo de las calles: muy largas y llenas de piedras que encajaban unas con otras en una superficie lisa. Parecían agua negra. Las farolas me mojaban al pasar con su agua amarilla. Aquello era de verdad. Tenía que cambiarme de ropa a menudo, y pasaba mucho frío. Mi pijama estaba seco, tenía una raya roja y otra azul. Me encantaba. A veces permanecía despierto frotándome el pecho contra él y haciendo presión con los brazos para intentar que me hiciera cosquillas. Me gustaba la raya roja mucho más que la azul, pero nunca lo saqué ala calle, por miedo a las farolas. ¡Oh! Era demasiado listo para salir y que se mojara.
Por la noche solía caminar muy lentamente, y notaba mi abrigo arrastrándose sobre mis hombros. A veces aquello me parecía también gracioso, y reía con fuerza; pero nunca fui capaz de reírme del ruido que hacían mis pies en las calles. Eran sobrios y mortecinos, y, según avanzaban y avanzaban, asestaban a las piedras golpes sonoros como bofetadas. El ruido me traía a la memoria cosas solemnes. No se puede reír con fuerza en una iglesia, ¿verdad? Así que solía mirarlos, viéndolos avanzar y avanzar por debajo de mí, como si en realidad no me pertenecieran. Era tan silencioso como un ratoncillo.

Había muchísima gente en la casa en la que vivía, y todos tenían llave. Ella me dio una llave también a mí, y yo disfrutaba metiéndola en la cerradura. La puerta era preciosa. Tenía un letrero con cifras: así: 33. A veces sabía que era simplemente treinta y tres, pero otras me parecía que era un signo, no un número. Una vez, por la noche, lo miré fijamente hasta que me pareció un rostro. Lo escribí en la pared de mi habitación, pero ella vino por la mañana y se enfadó mucho. Tenía una voz herrurnbrosa. Me dejó preocupado. Dijo que no debía lamer el papel pintado, aunque tuviera sed. Me dio miedo. Parecía furiosa. Yo intentaba no encontrarme con ella en el rellano, donde la ventana de cristal hacía que la cara se le viera verde.

Salía, la mayoría de las veces para ir a una casita con luces y mesas; siempre de noche. Allí era feliz. Tenía muchísimas cosas ricas de comer. Mis manos se sosegaban tocando cosas, o agitándose entre sí.
Fue aquí donde la vi por primera vez. Estaba sentada con el hombre llamado Boris, cuya voz era un mecanismo de relojería, como su rostro. No reía, jamás. Al verla empecé a temblar, y sentí frío en la parte interior de los muslos. Ella sonrió y desvió la mirada. Estaba sentada con el hombre llamado Boris. Desvió la mirada.
Entonces fui a su mesa, llevándole a ella unas flores de un jarrón, ella se puso muy contenta, mirándome con los ojos muy abiertos. Pero el hombre llamado Boris me puso la mano en el brazo y habló con sus dedos. Yo dije:
-Si la música fuera el sustento del amor. -Muy alto, una y otra vez-: Si la música fuera el sustento del amor.
Pero cuando ella volvió la cabeza mis manos se quedaron inquietas.
Me tomé la comida, pero estuve listo. Los vigilé. Cuando se levantaron yo también me levanté y los seguí. Caminé muy despacio detrás de ellos durante un rato. No tenía nada que darle a ella, así que me arranqué la uña y corrí hacia el hombre llamado Boris.
-Dásela -dije-. Hazle un regalo.
Sus ojos jugaron al escondite en su barba, lo cual me hizo gracia. Así que me reí, sólo un poco, mientras me chupaba la mano. Ella abrió la boca para dejarme verlos dientecillos que tenía dentro. Después de eso me alejé muy rápidamente.

Aquella noche vi el rostro de ella. Lo dibujé en la pared encima de la cama. Así: 33. Era muy bonito, y sentí un dolor en el costado. Me impidió seguir durmiendo, así que leí un libro que decía, en lo alto de la página:
Y haré de mi amor un cuchillo afilado,
para volverlo contra mi, para buscar en mi cuerpo
la vena que duele,
que me duele siempre con la sensación de ella.
Al día siguiente volví allí, entre las luces. Corrí velozmente, con el abrigo bailando a mi alrededor. Me sentía feliz. Mis zapatos eran amarillos y ruidosos.
Pero ella no estaba allí. Esperé y esperé, pero no apareció. El hombre llamado Boris no apareció. Temblaba cada vez que me acordaba de su boca abierta con los dientecillos dentro, y me dolía el costado izquierdo. Me dolía. Pero ella no apareció. Y de nuevo aquella noche no pude dormir. La vi en la pared.

Después de eso pasé muchos días esperando, pero ella no apareció. Seguía teniendo el dolor, abajo en el costado izquierdo, y seguía sin poder dormir mucho. A veces cantaba canciones durante la noche, como ido, pero el hombre del otro lado del rellano dijo que yo sonaba como un perro o algo así. No le hablé del dolor.
Dije, fingiendo:
-Debe de ser la ventana, que chirría. -Claro que sólo estaba fingiendo-. Es una bisagra -dije.
Creo que me creyó, porque se dio media vuelta y se fue.

¡Cuánto tiempo esperé! ¡Cuánto tiempo fue! Aquello siguió y siguió y siguió, no sé durante cuánto tiempo; pero yo la esperaba siempre. Ni ella ni el hombre llamado Boris aparecieron. La noche se convirtió en un tiempo muy largo. Una noche volví a leer el libro:
Y haré de mi amor un cuchillo afilado,
para volverlo contra mi, para buscar en mi cuerpo
la vena que duele,
que me duele siempre con la sensación de ella.
Claro que parecía muy solemne. Bebí mi llanto según salía de mis ojos. Luego me quité la ropa y me quedé de pie ante el espejo. Se me veía flaco, pero había parado de llorar. Puse la mano en el costado izquierdo, sobre el dolor, para así no errar el punto exacto. Podía verlas cerezas tras mi reflejo en el espejo. La navaja emitió un susurro, como si estuviera cortando seda. Luego me senté en la cama porque me sentía un poquito cansado. También me sentía un poco abierto en cierto modo. Pero aún podía verme en el espejo, con las cerezas tras mi reflejo. Tenía sed, pero sabía que no debía lamerlas.
Tuve mucho cuidado. Noté las manos un poco resbaladizas, pero no me importó. Todo parecía alejarse un poco de mí. Levanté la vista, pero no había venas; sólo tubos rojos» rizados. Miré cuidadosamente.
Entonces entraron todos desde fuera, haciendo ruido, y se quedaron de pie en la puerta. Noté lo grandes que tenían los ojos. Daban gritos y agitaban las manos muy rápidamente. Empecé a tener mucho hipo.
Dije:
-No he lamido las cerezas otra vez. Por favor, no he lamido las cerezas…
No parecían entenderme, y tuve miedo, así que me tapé la cara con las manos. Hubo un ruido en el rellano, y todo pareció alejarse. Miré una vez por entre los dedos. Las cerezas seguían allí.

Retrato realista
Hola a todos, después de unos meses sin actualizar. Resulta que lo último que quería postear era el corto de animación en el que estoy trabajando (post de abajo) pero se está alargando el proyecto más de lo esperado, así que al final he decido seguir posteando otros trabajos, mientras acabo el corto ¡Un día de estos!
Si en algo me especializado como dibujante es en hacer caras, más bien inventármelas, creo que se puede contar mucho a través de ellas. Por otro lado estos son retratos realistas, a los que me debería de dedicar más a menudo, pero como hay que dedicarles mucho amor y paciencia, pues se hacen pocos…
Este modelo protagonizó un anuncio de la colonia Loewe hace unos años, me pareció tan peculiar que tuve que dibujarlo, a lápices grasos. El anuncio era de una revista, años más tarde salió por televisión, con un zapateado flamenco de fondo musical, me sentó como un tiro, yo nunca haría una asociación así con esta imagen, seguramente lo repetirán por navidades, ¡estad alerta!
Esto también es la copia de una fotografía, el dibujo tiene ya bastantes años, una buena época a principios del 2000, en la que sólo pensaba en Matrix, jeje, hice muuuuuuuchos dibujos de los personajes de la saga, pero como me solía pasar por aquella época, no acababa ninguno, así que así se quedó, ¿pero creo que se sabe quién es no?
Este lo acabé anoche, esto se nota que está inventado claro. Me he comprado una libreta «Artist» de formato cuadrado, sólo para hacer rostros, es un buen formato para este tipo de dibujos, porque los folios DIN A4 y cía, siempre te condicionan a hacer retratos tipo busto, que ahora no me iteresan demasiado, las hojas de este cuaderno tienen la misma textura que las de las famosas «Moleskine», notas como se dibuja suavemente y si la goma se lo lleva todo del folio a la primera, ideal para los brillos finales, por ej.
Otra invención, este ya se sale del los lápices, encaje a lápiz azul y dibujo a rotrings y rotulador punta de pincel Tombo, no lo suelo usar mucho, porque la punta es muy grande, pero todo depende del tamaño del dibujo.